En altos extremos competitivos, cuando se llega al punto que un empate fuera de casa es una debacle, y cuando ganar decenas de partidos seguidos se convierte casi en una obligación, resulta natural que los vencedores y vencidos se determinen por pequeños detalles casi azarosos.
En esas andan Real Madrid y Barcelona. Después de su duelo copero, han vuelto a pelear desde la distancia en la Liga. A estas alturas, y una vez eliminados del único torneo que Mourinho fue capaz de lograr el año pasado, no tiene pinta de que el Real Madrid vaya a aflojar el ritmo en la carrera de fondo, y el Barça da muestras de pereza en ciertos encuentros. Lógico por otra parte en un equipo que lo ha ganado todo.
Que a Mourinho se le trajo para acabar con la hegemonía blaugrana es algo más que un hecho.
A su llegada a Madrid, vendría precedido principalmente por carácter ganador y polémico, su gran currículum, y por haber sido el único capaz de evitar que el Barça levantase la cuarta en el Bernabeu (aspersores incluidos). Por aquellas fechas, después del retorno de Florentino con una inversión multimillonaria, el Madrid ya había sido apeado de la Copa del Rey por el Alcorcón, casi sin opciones en La Liga, y fuera de la Champions en octavos (otra vez) a manos del Olympique de Lyon.
La sensación general en Chamartín era la de haber construido un equipo joven y con talento, pero con un vestuario difícil de manejar, y un estado de frustración ante el aplastante juego del eterno rival. Y en esas, el triunfo de aquel año fue el triunfo del Inter de Mourinho, como si de una victoria se tratase.
Mourinho fue alzado a cotas de mesías, y visto como el único hombre capaz de reflotar la nave. Para ello se firmó un contrato a razón de 10 millones de euros anuales por temporada, depositando en su figra todas las esperanzas blancas de recuperar la gloria perdida.
De entrada, si hay algo que no se le puede reprochar a José Mourinho es su transparencia. Es un tipo que puede caerte bien o mal, pero se trata de un hombre que no engaña a nadie. Se sabía que era un tipo que prefería ganar partidos a jugarlos como Dios manda. Una especie de Capello con aires ligeramente renovados. Pese a ser un perfil de entrenador que en otra época habría sido rechazado de inmediato, por aquel entonces los madridistas ya habían pasado por el aro. Daba igual cómo, pero había que ganar al Barça. Y lo consiguieron en una final de Copa del Rey agónica. 1 título por los 5 del Barcelona.
Si bien es cierto que hay que atribuirle al portugués parte del mérito de conseguir que el equipo diese la sensación de ser un verdadero equipo. Bajo su liderato, no hubo lugar a Alcorconazos, ni tampoco a que el Lyon le pintase la cara en su propio estadio. Y, a costa de ciertos valores destacables, logró recuperar un respeto general en el mundo del fútbol perdido en la época en la que (de la mano de los Boluda, Calderón y compañía) aquello se asemejaba más a una República Bananera que a un Club de Fútbol.
Pero para entonces, un pensamiento ya había comenzado a germinar. Florentino se había jugado todo a una carta con un Mourinho cediéndole plenos poderes sobre el control del club, empezando por darle puerta al hasta entonces casi intocable Jorge Valdano.
Su rol de Mánager general comenzó en el momento que finalizó la temporada pasada, y lo hizo con unos fichajes más que decepcionantes (con bloqueo por su parte del fichaje de Silva incluido).
Su planificación inicial pasaba por quitarse los complejos futbolísticos contra el Barcelona, cosa que pareció lograr a medias con la derrota en la Supercopa de España (irónico), y por intentar ganar el resto de partidos hasta volver a enfrentarse con los culés.
Y lo ha ido consiguiendo, a excepción del empate en Santander y la derrota contra el Levante, el Real Madrid ha ganado todos los partidos que ha disputado. Pero cuando aparece el Barcelona la cosa cambia, Mourinho, y por ende el Real Madrid, se transforma y busca golpes de timón maestros para anotarse el tanto de cara a su ya abultado currículum. El problema está en que sus planteamientos a menudo cagones, normalmente derivan siempre en lo mismo, un Madrid eliminado y un creciente descrédito de su figura como entrenador.
Y es que el hastío va sumándose gota a gota. Olvidando el pasado reciente y reacostumbrados a las victorias, la afición le recuerda con pitos que al Madrid no le basta sólo con ganar, y que los actos egocentristas, con aspavientos de CR7 en el campo y las Mourinhadas simplemente sobran.
Y claro, el ego de ambos se ve heridos. A menudo incuestionables y habituados al agasajo continuo, demuestran descontento cada uno a su manera. El futbolista no celebrando los goles con sus compañeros, y el entrenador deslizando que se irá del equipo a final de temporada. Cosa que por otra parte ya cansa.
Y cuando la porquería empieza a desparramarse, aparecen los topos, las filtraciones, los clanes en el vestuario. El equipo parece una banda, y el entrenador un personaje que pretende hacer ver que la cosa no va con él. Y ni una cosa ni la otra, porque el fútbol, como casi todo en la vida, tiene una componente de azar incontrolable.
Vereis, dudo que la diferencia real entre Madrid y Barça sea abismal, de hecho creo que es más una cuestión mental que futbolística. Sin duda, el Real Madrid pudo haber pasado a semifinales de la copa. Si echamos la vista atrás, tal vez sin ese planteamiento ultradefensivo de Mourinho en la ida (motivado por el estigma que lleva grabado del 5-0) podría haberlo conseguido, al igual que pudo haber sido vencido por una diferencia aun mayor, y consecuentemente, haberse dado por concluida la eliminatoria con 90 minutos aun por disputar.
Cosas de la vida, el partido de vuelta, ha dejado numerosas consecuencias. Lo primero, un reflejo lo que se espera de este tipo de partidos: Lucha de igual a igual. Y lo segundo, cierto optimismo en la órbita blanca con 7 puntos de ventaja en Liga, y una ilusionante Champions a punto de reanudarse.
Pero, con lo que no estoy de acuerdo, es con lo que se ha estado vendiendo estos días de que el vencedor moral de la eliminatoria es el perdedor. Francamente inaceptable, y más tratándose de un club con la historia del Real Madrid. El derrotado nunca puede salir reforzado con la derrota, y más cuando terminas un partido más que digno lloriqueando al árbitro (otra vez).
Mi sensación es la de que internamente el Madrid y Mourinho siguen sintiéndose inferiores al Barcelona, por mucho que públicamente se apresuren a decir lo contrario. De hecho temo que el próximo sorteo de Champions depare un cruce Barça-Madrid previo a la final de Munich, y que la respuesta de Mourinho al estado actual de 'optimismo' sea la de acurrucarse en los complejos, recurriendo a las patadas, a las desmesuras de un Pepe que ya debería estar fuera del club (por muy buen central que sea), para terminar desviando la atención hacia un complot juedomasónico de árbitros y teatro.
Desde mi punto de vista, las individualidades, ya sean en forma de presidente, futbolista o entrenador, jamás pueden estar por encima del bien colectivo. Y esto a veces parece que se olvida.
El tan citado como perseguido "señorío" a recuperar, pasa por olvidar de una vez por todas esas lamentables actitudes de equipo que se siente impotente ante el que es superior, y empezar a reforzar la casa sin mirar la del vecino. Como se ha hecho toda la vida.
domingo, 29 de enero de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
Sobre la identidad perdida.
Viernes, 27 de Enero de 2012. 23:45.
Estoy algo cansado. Hoy mismo he terminado mis exámenes y me he propuesto escribir a menudo en este blog, porque eso es lo que hace la gente que mola. En general es difícil escribir, y también lo es tener un buen comienzo para una nueva entrada, pero quiero hacerlo, así que la mejor forma de conseguirlo es escribir sin pensar las cosas. Total nadie lo va a leer nunca.
De todas las cosas en las que pensaba cuando estaba en exámenes, ahora la mayor parte de ellas carecen de sentido alguno. Las que más me ilusionaban, ahora son las que más pereza generan, y las más originales simplemente parecen estúpidas.
Sin embargo esto no es nada nuevo. De hecho sabía que esto me ocurriría. Puede que sea porque soy de naturaleza vaga, o porque simplemente necesitaba una distracción. O varias.
Ahora mismo estoy escuchando el tema principal de la película El Piano, de Michael Nyman. Mi gran amigo Xabi, que tiene la sana costumbre de postear a diario diversas Bandas Sonoras en facebook, la colgó hace unos días. Y sí, lo reconozco, le dí a "Me gusta" sin ni siquiera haberla escuchado. Pero, ¿quién no ha hecho esto alguna vez? El asunto es que al hacerlo, simplemente me basé en la sensación que me dejó la película cuando la vi. Hace ya años de aquello, pero recuerdo que es una de esas en las que los silencios y las miradas machacan a aquellos que priorizan un buen guión para conseguir cine auténtico.
Sin duda, se que tengo que volver a verla. Encontraré el momento. Más pronto que tarde, espero.
Al hacerlo (escuchar la canción), como casi siempre que entro en Youtube, miro los comentarios de la gente en la primera página del tablón del vídeo, y ya si me interesa más, pues miro dos o tres páginas más para comparar opiniones. Como todo el mundo, vaya.
A lo que iba, acabo de leer un comentario de un tal Kowekokun ahí mismo. Copy-Paste:
"Me acuerdo cuando era pequeño, e iba a la grande y solitaria casa de mis abuelos y me sentaba en el sofá del despacho de mi abuelo. A veces de casualidad escuchaba a la vecina de arriba practicar esta canción. No sabía que melodía era, pero me encantaba. La escuchaba sin problemas mientras las notas inundaba la casa... Puedo recordar días soleados, de esos en los que el se puede ver ligeras motas de polvo flotar en el ambiente... Cuando terminaba me daba cuenta de que mi corazon se habia encogido"
Estoy algo cansado. Hoy mismo he terminado mis exámenes y me he propuesto escribir a menudo en este blog, porque eso es lo que hace la gente que mola. En general es difícil escribir, y también lo es tener un buen comienzo para una nueva entrada, pero quiero hacerlo, así que la mejor forma de conseguirlo es escribir sin pensar las cosas. Total nadie lo va a leer nunca.
De todas las cosas en las que pensaba cuando estaba en exámenes, ahora la mayor parte de ellas carecen de sentido alguno. Las que más me ilusionaban, ahora son las que más pereza generan, y las más originales simplemente parecen estúpidas.
Sin embargo esto no es nada nuevo. De hecho sabía que esto me ocurriría. Puede que sea porque soy de naturaleza vaga, o porque simplemente necesitaba una distracción. O varias.
Ahora mismo estoy escuchando el tema principal de la película El Piano, de Michael Nyman. Mi gran amigo Xabi, que tiene la sana costumbre de postear a diario diversas Bandas Sonoras en facebook, la colgó hace unos días. Y sí, lo reconozco, le dí a "Me gusta" sin ni siquiera haberla escuchado. Pero, ¿quién no ha hecho esto alguna vez? El asunto es que al hacerlo, simplemente me basé en la sensación que me dejó la película cuando la vi. Hace ya años de aquello, pero recuerdo que es una de esas en las que los silencios y las miradas machacan a aquellos que priorizan un buen guión para conseguir cine auténtico.
Sin duda, se que tengo que volver a verla. Encontraré el momento. Más pronto que tarde, espero.
Al hacerlo (escuchar la canción), como casi siempre que entro en Youtube, miro los comentarios de la gente en la primera página del tablón del vídeo, y ya si me interesa más, pues miro dos o tres páginas más para comparar opiniones. Como todo el mundo, vaya.
A lo que iba, acabo de leer un comentario de un tal Kowekokun ahí mismo. Copy-Paste:
"Me acuerdo cuando era pequeño, e iba a la grande y solitaria casa de mis abuelos y me sentaba en el sofá del despacho de mi abuelo. A veces de casualidad escuchaba a la vecina de arriba practicar esta canción. No sabía que melodía era, pero me encantaba. La escuchaba sin problemas mientras las notas inundaba la casa... Puedo recordar días soleados, de esos en los que el se puede ver ligeras motas de polvo flotar en el ambiente... Cuando terminaba me daba cuenta de que mi corazon se habia encogido"
Sin duda, con su comentario, ha conseguido captar la esencia de la canción.
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